Como cada vez que vuelvo a ti,
no conozco, apenas pienso, no temo a la página en blanco.
Las teclas vuelan, entre las pulsaciones,
entrando en sincronía con las de mi corazón.
El ritmo desbocado que aumenta según llegan las líneas,
sin conocer, sin apenas pensar, solo llegan, ya está.
Quien desea poner orden?
Un sol de justicia lucha contra las nubes de este otoño que con tanto atino a llegado, el frío, la lluvia golpeando contra el cristal.
Algunas caen, chocan, se suicidan, como queriendo crear una sinrazón mayor que la del echo de estar vivo, otras se aferran a la vida, surcan el cristal en su atropellado descenso hacia el marco de la ventana.
Que desperdicio, de pronto, queda en calma, las que aguantaron sin ceder, filtran ahora los rallos de sol, entre cientos, dos o tres deciden que es suficiente, que antes de que llegue de nuevo la lluvia, prefieren seguir su camino en solitario hacia el ineludible marco de la ventana.
Gotítas locas, suicidas,
sabias gotas.
Mi gato las mira, acurrucado, sueña, quisiera ser el, dormir y despertar, dormir para vivir soñando, despertar para comer algo, antes de volver a soñar.
Con el frío del otoño llamando a la puerta, en la habitación el calor lo arropa todo, diría que hasta mis sueños, y me imagino el mar enfurecido, azul, oscuro, intenso, vivo. Iré a verle y me devolverá su canto profundo, constante, sus caricias llenas de minúsculas gotas, se me calarán los huesos, me encogerá el corazón, me cantará chillando, que ha llegado el otoño, que el invierno está a punto de nacer.
Desde lo más profundo, bailará con los barcos, jugará con la vida, será mar, madre, verdugo y protectora, como ha sido siempre, nada más.
Y yo?
yo sentiré el frío, nada deseo más en esta vida que el calor.
Cae el sol, las nubes viajan, las montañas se arropan, el frío vuelve, la mar descansa, las calderas se encienden, el gato se arropa, duerme, vuelve el otoño, el frío despierta, la vida bulle, duerme el sol.

